.
Ya he adquirido todo lo necesario para la travesía, hace
años que no me subo a un caballo, mis tránsitos de montañés siempre han sido de
infantería, lo pienso mientras llegamos hasta Casa Blanca, al monolito que
conmemora el combate de Achupallas, allí se reúnen todos los jinetes que
llevaran a cabo la decimoctava versión de la cabalgata que de alguna forma
recuerda el paso del ejército del general San Martín y O’Higgins, guiados por
el baqueano Justo Estay quienes emancipan finalmente a Chile de la monarquía
española, eso es básicamente y en teoría lo que te enseñan en el liceo, luego
al leer un poco de historia nos damos cuenta de que se trata de una, quizás la
única revolución que se ha realizado en nuestro país, dirigida por la elite de
aquellos años, unos huasos zorrones como Santiago Bueras o los hermanos Carrera
que, antes de en-listarse palomeaban gañanes y rotos, ellos cambiaron el
sistema político colonial por el de nación estado que perdura hasta nuestros
días.
La ceremonia es larga, pero en el entretanto cargamos el
equipaje en unas camionetas que lo llevaran hasta los mulares que nos esperan
en el refugio militar de Los Patos, nuestros guías nos organizan en grupos de
cinco jinetes a cargo de un arriero, nuestro líder es Juan Orostizaga. Logro
conseguir unas polainas, que es lo único que me faltaba en la indumentaria, son
las 18 horas, no haremos el recorrido
habitual por el cajón del rio Rocín pues los últimos aluviones han malogrado el
sendero con barro y rodados, tampoco desechamos la idea de que alguna tormenta
veraniega nos alcance con lluvia, las nubes que vemos coronando las altas
cumbres nos lo recuerdan. Recorreremos una ruta nueva llamada las Yaretas hasta
la frontera con Argentina, nos esperan seis días de ardua caballería, los
discursos son aburridos hasta que aparece un representante de Francia quien en
un español bastante precario destaca la figura de Antonio Arcos, el sargento
mayor, el asistente directo del general en jefe, quien luego de sus temerarias
escaramuzas es nombrado como el primer director de lo que hoy conocemos como
Escuela Militar, pero el embajador franshute no nos cuenta que Arcos es un
desertor del ejército español un corrupto traidor que ha decidido darse vuelta
la chaqueta y combatir a sus propios compatriotas, un mercenario que va donde
le paguen mejor y solo los lectores e historiadores exhaustivos como Gabriel
Sanhueza logran mostrar una verosímil semblanza de este viscoso personaje en su
libro,[1] Y quien
no duda en catalogarlo como el primer deshonesto capitalista de Chile.
La cordillera de Los Andes es vasta, kilómetros y
kilómetros de montañas levantándose como una columna vertebral, desde la
Patagonia en el extremo sur hasta Venezuela en centro América ocupando así toda
la zona occidental de América del sur, bordeando el océano Pacífico. Al caer el
sol comenzamos el primer trayecto de más menos una hora y media hasta Los
Patos, a mediados de los años noventas estuve dos años en el servicio militar,
en ese tiempo el extinto regimiento Yungay de San Felipe, acostumbraba darnos
un mes de campaña en el refugio que ahora aparece como una ruina fantasmagórica
entre las sombras de la noche iluminada por una luna creciente, su abandono
acentuado por los estragos de la sequía, acumulan cansancio y sensaciones
buenas con malos recuerdos de esa época donde los prusianos métodos militares
instruían con palos y otras prácticas cercanas a la tortura.
Con mi colega Arturo Pérez Hidalgo luego de ranchar un
arroz con chuletas, bastante reponedor, armamos la carpa, y bajamos hoy al
lecho seco del Chalaco a fumar algo, ahí están las viejas trincheras y las
canchas de arrastre, mudos testigos de otro tiempo, cerca de las once de la
noche nos quedamos dormidos. Temprano y ya desayunados nuestro guía nos entrega
el itinerario, las últimas instrucciones antes de partir, la comitiva es
variada y está compuesta en paridad tanto por mujeres como por hombres, entre
los que se destacan dos radio aficionados, quienes serán nuestro contacto con
el exterior durante esta semana de viaje, un naturalista que tiene como
objetivo fotografiar al escurridizo sapo Rhinella atacamensis, un equipo
compuesto de dos médicos y un kinesiólogo, ambientalistas de Vecinos en
movimiento, avezados montañistas, y una pareja de geógrafos que nos explican que en esta parte
de la cordillera ha sido destacada como una de las regiones del mundo con mayor
cantidad de glaciares de roca los únicos que parecen abastecer de agua a gran
parte del valle de Putaendo y están siendo amenazados hoy en día por el
calentamiento global y la mega minería extranjera. Los invito a leer un
interesante artículo publicado por Hans Fernández en: https://www.glaciareschilenos.org/?s=putaendo
La montaña es un lugar sagrado y toda la madre naturaleza
lo era, en otros tiempos, un vínculo que algunos investigadores constatan está
quebrado, desde que la humanidad se detuvo y comenzó su etapa agrícola dejando
así el nomadismo, la recolección del alimento y la cacería, acentuándolo aun
más con el supuesto avance de la industrialización y sus contaminantes. La
agrupación de arrieros es una familia grande y algo machista diría, por
tradición, aunque han sopesado todo aquello con una galantería muy graciosa a mi modo de ver, es una vida que se
construye ruda, con la cercanía de los elementos y los animales, es una forma
de vida, que perdura en una maquinaria social que tiende absorber de mala forma
lo que podríamos llamar “tradición” un tema que sin duda me apasiona y al cual
esta agrupación de arrieros se aferra admirablemente, en un contexto de
acérrimo cambio en las costumbres
sociales y que sin duda dan para un estudio más profundo y extenso.
No hemos sido sabios ni previsores como sociedad cuando
la codicia se manifiesta moralmente patológica en aquellos que ansían sin límite
los bienes materiales, personas que solo piensan en ellos mismos, sin
preocuparse de las consecuencias que esto acarrea en los más jóvenes, esto significa la mega
minería en Putaendo, lo hemos visto en Caimanes, en el Asiento, en Quintero y
Puchuncaví, Tocopilla, Til Til, Mejillones, solo por nombrar algunas, nuestra
calidad de vida se verá fuertemente afectada.
Luego de una dura jornada compartimos con algunos de los
jinetes más lejanos en esta fila que como una fina espiral va repechando montes
en la alta cordillera, son estas montañas como enormes cabezas de ángeles
caídos o dioses olvidados, me dice uno de los compañeros de viaje, obviamente
en una semana no nos podemos acercar a todos, mucho menos conocerlos en
profundidad ni de la misma forma. Un abrazo fraterno a la gente que defiende la
montaña y su importancia.