jueves, 23 de junio de 2016

Pasándose de paradero



Hermosa ruralidad de un sueño, Carlos Hernández, Editorial Doña Tungo, 2008.

Hace un año Carlos Hernández me regaló su poemario. Me gustaría escribir que tardé todo este tiempo en leerlo, pero no fue así. En un mes lo tenía leído y conversado con mi amigo Benjamín (gracias a quien conocí a Carlos). ¿Por qué la demora entonces?, sin culpar al contexto, ni al tiempo u horarios, me culpo cabalmente de perderme en él. Leerlo una vez, luego dos, tres y hasta cuatro.
Es que la poesía de Carlos Hernández nos hace caminar por la orilla y el centro. Damos tumbos por el camino y nos encontramos a nosotros mismo leyendo uno o varios versos nuevamente. Me gusta como Ricardo C. Herrera declaró que “la poesía de Carlos es una vasija llena de agua esperando a quebrarse frente a nuestros ojos”. Lo es, sin dudas, pero agregaría que es el lector quien decide si se quiebra y disfrutamos aquello o si gozamos conteniéndola hasta más no poder.
El poemario contiene aproximadamente cincuenta y nueve poemas, los cuales se reparten entre las diversas subdivisiones que presenta éste. Nombro a la rápida algunas: Rayar el agua, La hermosa ruralidad de un sueño, La rebelión de los santos, Anzuelo, Paisajes de micro, Transeúnte desprevenido, La ciudad, Los malditos se bajan del bus. Intentaría explicar cada una pero dudaría sobre lo leído y tomaría el poemario una vez más. Claro está que nada en realidad queda claro, las temáticas confluyen unas con otras y se entrelazan de manera pasajera pero a su vez continua, es que Hernández lo logra; crea su propia realidad. En ella genera imágenes que nos recordarán a Teillier, le guiñe a Vallejo y Juarroz, conversa con Pessoa o se escabulle criticando y filosofando como lo haría Lihn.
Al reseñar este poemario, como dice Carlos “yo; repito, reitero, redundo/ mi canto no es mío/ ni nuevo el silencio de las cosas.”, y estoy en esa constante oscilación de reescribir lo ya indicado por otros, pero (y solicito que hagan el ejercicio) leer este poemario es subirse a una micro, pagar el pasaje, pasarse de paradero hasta perderse y no bajarse nunca tan solo para disfrutar de esa sensación.
No escribo esto para pagar una deuda por el “aniversario” del regalo otorgado por Carlos, muy por el contrario, solo quiero seguir debiendo aún más. Para ello termino con este poema (ubicado en Rayar el agua, primera sección de este poemario) que no podía dejar fuera por diversas razones: su construcción, la imagen proyectada, el lenguaje utilizado, un motivo poético claro, y así puedo continuar o incluso analizar verso por verso. No obstante, leerlo es la única respuesta certera al por qué de mi elección.
“ELLA”
Ella es un durazno fugaz
cayendo en mis manos indignas

Esto va
para todos los que <> amar
la contradicción de mi naturaleza

Humana la deseo
cuando la tengo lejos
entrar en su carne
que  siente como yo
quemando la mía suya.

Por Ítalo Rivera.

jueves, 26 de mayo de 2011

sábado, 30 de abril de 2011

PRESENTACIÓN ABRIL 2011 MANOS DE PUTAENDO

LA  HERMOSA  RURALIDAD  DE  UN  SUEÑO
-Poemas de Carlos Hernández Ayala-

I. Lenguaje y Discurso poético
Hay una multiplicidad de voces en el discurso poético de Carlos Hernández Ayala, donde se mezcla lo fantástico (el universo imaginario, los sueños), con lo real (la crítica social, el abandono, el mensaje poético-filosófico, la búsqueda de la verdad). Agregado a ello, está el uso del lenguaje, el cual se manifiesta en plena libertad, o mejor dicho, el poeta, tomando plena consciencia en su proceso creativo; reconoce al lenguaje como su principal herramienta de trabajo y logra sacar el máximo provecho de ello, de ahí que sus versos sean ricos en imágenes, a la vez, llenos de sentido, lucidez e ironía. Ejemplo de lo anterior es el siguiente verso (página 30).

SANTO CÁLIZ
Vagoroso a la vagina / el espíritu retorna
galaxia que adorna / una pobre cabeza que imagina
Con la llave de Vallejo / vuelvo a la vasija
sea joven el viejo / pequeña o gran valija

II. Construyendo una Nueva Realidad
Pareciera que en los poemas de Carlos Hernández, el hombre y el entorno que lo rodea, son una especie de experimento mal ejecutado, o mejor dicho, un experimento en constante proceso de ejecución. En ese sentido, el poeta reafirma la teoría de Hiudobro; “El poeta es un pequeño Dios”. De ahí que Hernández, tomando cartas en el asunto, logra, poco a poco, construir a su antojo una nueva realidad. Aunque dicha realidad se nos manifiesta en pequeñas dosis, como ventanas que se abren y se cierran, luces que se apagan y encienden en cualquier instante de este viaje inacabable.
Ejemplo de ello son los siguientes versos (página 38).

CANTO SEGUNDO
LA IMAGEN EQUIVOCADA
Si ayer caminé descalzo, hoy desnudo suelo buscar frutas para ti,
carnosos y acreditados, nísperos que he debido encerar, mientras tras
la bruma suena la ironía de los tiempos reales, si antaño carecí de ojos
solo fueron consecuencias o lodo en tus manos juguetonas.
                       
                                         *****************
Hay una noche perra en la inmensidad de un ladrido, entra en los
cuerpos de las personas como estrellas.

III. Ironía y Gravedad: Un equilibrio necesario
La ironía es un constante elemento que sostiene algunos poemas de La Hermosa Ruralidad de un Sueño, como un juego seductor que nos conduce de manera grata en este viaje. Ésta se manifiesta de dos formas:
I. A través del mensaje o crítica social (religiosa, histórica, económica, política). En este caso, la ironía posee un mensaje de fondo que es serio, una sutil gravedad que se manifiesta de forma mesurada y poética.
II. A través de la técnica de escritura y el empleo de un lenguaje seductor, ingenioso, el cual le da un toque de gracia (o coquetería sutil) a sus versos. En este punto, la lectura se torna placentera y llena de vitalidad. Ejemplo de ello son los siguientes versos (página 55)

ORACIÓN EN 360º
Danos tu misericordia innecesaria / por ponerte en duda, por blasfemar
por creernos el hoyo del queque / por limpiarnos el mismo con poemas.

Por otra parte, el tono grave del discurso de Carlos Hernández, se manifiesta a ratos con el empleo de un lenguaje duro, con imágenes crudas y chocantes. Talvez, el objetivo de esto es quitarle solemnidad a los textos, cuyo mensaje nos aterriza, y nos demuestra lo que somos; una realidad vulnerable e insignificante, seres humanos a punto de caer al abismo. Ejemplo de ello son los siguientes versos (página 67).
SABIDURÍA MATERNAL
Sepa usted / tuve diez hijos al caer la luna
A todos los bañé en el estero / de todos comí placenta
Con el tercero se me curtieron los pezones / todos fueron atravesados por la espada de la guerra / uno a uno les fui limpiando la sangre de la herida / devolviendo las vísceras a su posición / cerrando los tajos con paciencia.

                                     IV. Influencias Notables en un Poeta Notable
La poesía de Carlos Hernández es un viaje literario-poético vertiginoso, y como en susurros, se nos aparecen las voces de sus maestros favoritos; una especie de intertextualidad espontánea, como una invitación al diálogo poético; César Vallejo, Roberto Juarroz, Vicente Huidobro. Y si por un lado sus versos tienen la gravedad de un Enrique Lihn, por otra parte, algunos de sus versos poseen la emoción de un Jorge Teillier (aunque las imágenes, que aquí podríamos definir como láricas, son en realidad una especie de flash fotográfico, imágenes estáticas y espontáneas, que no representan el fin del poema en sí, mas bien son escenas de paso, que nos conducen a realidades más complejas y subjetivas).
Por otra parte, es interesante ver a su heterónimo (¿o seudónimo?) favorito deambulando por el caudal poético de Carlos Hernández. Me refiero a Maximiliano Cynan, en el poema “Mitológica Aparición de un Mortal en el Panteón de los Falsos Dioses Conocidos”. Y es interesante el recurso, pues, como es de esperar, esta manifestación es un homenaje a uno de sus maestros favoritos; Fernando Pessoa.

V. Conclusión
Es indudable que leer a Carlos Hernández Ayala, es una tarea que debe hacerse con responsabilidad. Una tarea que nos entrega sorpresas pues, como es de esperar, su discurso posee varias capas de lectura; enseñanzas, realidades, mensaje, ironía, locura, sueños, fantasía, dolor. Todos estos elementos nos entregan a un poeta de pensamiento complejo, quien entiende que éste es un juego que apasiona hasta la muerte; una especie de misión imposible en medio del desierto.
He aquí, unos versos que lo identifican plenamente:
AUTORRETRATO
Entonces escribo y cualquier excitación se va a las pailas
eyaculo en el vacío talvez sobre la hoja
despierto abrazado a ti
con el cuaderno debajo de la almohada
engañando a todos menos al futuro.

Sin duda, un autor atrevido, original, que se responsabiliza muy bien en su oficio literario. Una muestra interesante de la actual generación de poetas aconcagüinos.

Marco López Aballay
Callejón Spic
Putaendo, Otoño del 2011

jueves, 28 de abril de 2011

Dia del Libro en Putaendo

Dia del libro en la plaza de Putaendo

miércoles, 30 de septiembre de 2009